

En 1955, Fidel Castro y el Che Guevara estaban en México planeando la Revolución Cubana. Buscaban transporte para llegar a Cuba y conocieron a un ostentoso traficante de armas: mi tío abuelo, Antonio «El Cuate» del Conde. El Cuate tenía un barco averiado en una montaña y Fidel le pidió que lo arreglara. 82 hombres navegaron durante dos semanas en un yate diseñado para doce. Su naufragio marcó el inicio de la insurrección.