
En alguna localidad del oeste mexicano un par de fruteros conviven un día más en su monótona vida, iniciando y terminando con toda naturalidad. Durante la jornada laboral una vibra llena de nostalgia y fatiga les invita a la reflexión sobre su edad y el escalón moral en el que están parados. El infinito silencio en una sierra anónima escucha los lamentos de los que ya no pueden hablar.