
En el país de los desollados, incinerados, disueltos en acido, el Estado construye una narrativa en la que los cuerpos se vaporizan, se desintegran. Pero el trabajo de la imagen, del cine, intenta aprehender las presencias para reproducirlas en su eco de luces y sombras. Esta tira acrílica emulsionada, expuesta y revelada, se baña de una solución acida para desaparecer la imagen, pero aun así las presencias trascienden.