
Las esculturas de Camille Claudel, concebidas en su encierro, son más que meras obras de arte; son un testimonio visceral de su tormento interno. Cada figura retorcida, cada rostro angustiado, refleja la prisión mental en la que se encontraba. Sus manos, antes herramientas de creación sublime, ahora plasmaban la desesperación y el aislamiento que la consumían. Todo esto representado de una forma única, rompedora, sensorial y de manera incómoda a través de este cortometraje que busca emular sus sentimientos.